Hacia una crítica de la Razón Digital : segunda parte…by Anmr.

Continuamos con la presentación de los argumentos para hacer una crítica de la “Razón Digital” y su relación con la información presentados en el anterior post…es un poco largo y por eso esta lectura es para…”atrevidos”.

Las teorías científicas describen y explican comportamientos físicos por medio de formulaciones matemáticas. Es el cerebro quien con esos datos se “representa” o anticipa los fenómenos. La mente es nuestro primer generador de realidad virtual, aun cuando dicho concepto se aplique actualmente al ordenador produciendo y simulando entornos físicos posibles, perceptibles a su vez. Visualizamos tecnológicamente lo que antes eran procesos intuitivos internos. Nos hallamos por tanto en un terreno de matemática aplicada, que, a medida que los objetos recreados se alejasen de los físicamente posibles, se acercaría más a la matemática pura. La presente reflexión se centra en algunos de los conceptos tratados por Kant en la Estética Trascendental. Apunta cómo hoy nos es pensable una nueva dimensión del conocimiento sintético a priori.

Para Kant, “el espacio es una representación necesaria, a priori, que está a la base de todas las intuiciones externas, esto es, la forma a priori de sensibilidad externa”. Para Newton, “el espacio absoluto, permanece siempre similar e inmóvil”. Junto a esta independencia e inmutabilidad, el espacio se considera homogéneo, continuo e infinito, adecuado a la concepción cinética corpuscular de la materia en la física clásica. La física relativista modificó radicalmente esta visión al incorporar el tiempo como una cuarta dimensión del espacio, el espacio deja así de ser independiente de la materia, se convierte en dinámico, heterogéneo, curvo, ni siquiera simultáneo en su yuxtaposición. Los posteriores desarrollos de la física han disparado toda una serie de metáforas espaciales, a partir de lo que podríamos denominar geometrías especulativas, espacios curvos, discontinuos, de estructura esponjosa, n dimensiones, teoría de las cuerdas, fractales…metáforas pensables, matematizables, pero apenas representables intuitiva y vivencialmente.

Así pues, si en la física la concepción del espacio se ha transformado profundamente, la concepción Kantiana puede ser considerada aplicable, dado que habla desde una persistencia lógico perceptivo. Y es esta la que condiciona que tendamos a representarnos de una forma sensible a priori el nuevo concepto que aporta: el ciberespacio. Frente a geometrías especulativas de la física moderna que podemos intuir, pero no representamos, el ciberespacio es un espejismo psicológico, colectivo y profundamente vivenciado.

El ciberespacio fue definido por Wiliiam Gibson “una
alucinación consensuada experimentada día a día por decenas de millones de operadores legítimos, en todos los países… Una representación gráfica de datos abstraídos de los bancos de datos de cada ordenador del sistema humano. Complejidad impensable. Líneas de luz dispuestas en el no-espacio de la mente, conjunciones y constelaciones de datos. Del mismo modo que las luces de la ciudad, cuando se alejan“.

Es una especie de espacio paralelo socialmente producido, creado virtualmente, con la apariencia/ficción de un lugar de encuentro, no asimilable al espacio exterior ni al geográfico, que fuerza al límite nuestra forma habitual de representación mental. Uno tiene la impresión de entrar en zonas de “presencia permanente” de grupos de información. En cierto sentido es semejante al espacio relativista que se crea y sea actualiza por la presencia instantánea de quienes en ese momento lo ocupan, redes y nódulos semejan líneas geodésicas de densificación, dispersión, etc., es una creación constante y dinámica. Percibimos los objetos virtuales como si estuvieran en su espacio, aunque no son físicos, ni siquiera representación de objetos físicos, sino meras condensaciones de información. El digitalismo es un nuevo realismo trascendental.

El ciberespacio en cuanto estructura pactada de alucinación colectiva y forma a priori de sensibilidad comunitaria surge como algo nuevo y diferente, consecuencia de las nuevas TIC, y que no se hallaba presente en otras formas avanzadas de las telecomunicaciones (el teléfono, la retransmisión vía satélite, etc). En el ciberespacio, por el contrario, tenemos la impresión de que el encuentro se realiza en un no-lugar al que accedemos por medio de la pantalla, una topología creada por y para el encuentro, que sin embargo configura una topografía imaginada espacialmente. En ese no lugar, hay multitudes de individuos, información, mundos ficcionados, estancias que transitamos, secuencias que parecen estar permanentemente ocurriendo por si deseamos penetrar en ellas.

Poco más atrás constata que las nuevas metáforas físicas no habían preparado una camino intuitivo para percibir el ciberespacio, sino que lo concebíamos a partir de la distorsión de lo que Kant denominó “forma a priori de sensibilidad externa“, esto es asimilándolo y forzando nuestro mecanismo lógico y de percepción. Lo que tiene de asimilación nos lo hace comprensible, lo que tiene de parcial distorsión compone esa novedosa alucinación colectiva patente. Y es ahora, porque hemos generado una diferente forma perceptivo conceptual vivenciada, cuando esta puede hacernos más intuitivamente cercanas algunas de las metáforas físicas postrelativistas mencionadas. No a la inversa.

Pensemos, por ejemplo, en la interpretación de los mundos múltiples posibles a través de la mecánica cuántica. La acción de observar un suceso subatómico incide sobre las propias partículas observadas, haciendo que éstas elijan uno de los múltiples comportamientos posibles según la mecánica cuántica; así, los electrones o fotones pueden comportarse como ondas o como partículas dependiendo del método experimental que adoptemos, existen, por así decir, “en un limbo probabilístico de muchos estados superpuestos posibles hasta que se ven forzados a un estado único por el acto de observación”.

John Wheeler, físico que acuño el término agujero negro, señaló que podríamos establecer un paralelismo entre la física y la teoría de la información, ambas construidas a partir de entidades elementales básicas, en un caso el cuanto y en el otro el bit. Así como el acto de observación de algo en la física hace aparecer de alguna manera este algo, la búsqueda de información hace aparecer esta de una determinada manera. Lo que sintetizó con su fórmula “it from bit”: “Cada it-cada partícula, cada campo de fuerza, inclusive el continuo espacio-temporal propiamente tal-extrae por entero su función, su significado y su misma existencia-de from respuestas obtenidas-con aparatos a preguntas del tipo sí o no, elecciones binarias o bits”. Según la fórmula it from bit, no sólo descubrimos la verdad mediante las preguntas que formulamos, sino que en cierto modo creamos esa misma realidad “it”, lo que es; el fondo nouménico no sólo existe porque es esencia, sino porque es pregunta.

Igualmente buscando un acercamiento desde la teoría de la supercuerda, en esta las partículas elementales son sustituidas por bucles de energía, cuyas vibraciones generarían las fuerzas físicas y las partículas. Las supercuerdas ampliarían el universo relativista de cuatro dimensiones a seis que están compactadas en bolitas infinitesimales. La integración de la teoría de la supercuerda, se pensaría según un complejo modelo de “madejas de cuerdas”.

Puestos a este acercamiento al ciberespacio a la especulación física, el concepto de “agujero de gusano” desarrollado por Steve Hawking es sugerente. En un universo de tres dimensiones, imaginemos un plano con dos puntos y una línea que los une, que demarcaría el espacio a recorrer y, según el móvil, el tiempo requerido para ellos. Pero sabemos que el espacio-tiempo no es lineal, sino curvo. Curvemos, pues, hasta hacer coincidir ambos puntos, el desplazamiento entre ellos se convierte, imaginando un pequeño agujero de gusano, en un atajo formidable. Y bien, ¿no es acaso la pantalla de nuestro ordenador nuestro “agujero de gusano”? para penetrar en esos mundos paralelos que esperan nuestra búsqueda inquisitiva? Un universo que se actualiza en cada visita. La pantalla apagada como agujero negro que aglutina, densos, expectantes, la pluralidad de universos. De una manera cibernética cumplimos la intuición física de Hawking tan difícil de representarnos físicamente, de creernos cotidianamente en un espacio tiempo tradicional, pero estar viviendo en una realidad en el superespacio infinitamente dimensional de la teoría de la supercuerda.

Para Kant, el tiempo es “una forma pura de la intuición sensible”, “de la intuición de nosotros mismos y de nuestro estado interno”, no puede entenderse como una realidad absoluta, y sin embargo su validez objetiva respecto a todos los objetos que pueden ser dados a nuestros sentidos configura la “idealidad transcendental del tiempo”. Para Newton “el tiempo absoluto, verdadero y matemático, por sí mismo y por su propia naturaleza, fluye uniformemente sin relación con nada externo”, es homogéneo. La física relativista dio al traste con todas estas características. Al igual que se ha visto con la noción del espacio, los modelos de tiempo que utiliza la física desde el s.XX son formulables matemática y especulativamente, pero difícilmente imaginables ni percibidos; por ello, regresamos a Kant que habla de la forma universal en que los objetos son dados internamente, aun cuando esos objetos adquieran hoy un ámbito de experiencia diferente como es el de la realidad virtual.

No obstante, el modelo cibernético es un ejemplo de hibridación, al aplicarse sobre un entorno fluido, inestable y novedoso, escenifica fluctuaciones que en la física eran abstractas e inaccesibles. La instantaneidad es la velocidad de la fibra óptica y el mantenimiento en red la información que propicia la revitalización utópica neoclásica, fusionada con la idea de los universos paralelos.

La información se mantiene en la red o desaparece aleatoriamente, creando agujeros negros, lo cual resulta doloroso, pues su única realidad es esa presencia sin correlato material. La noción de causalidad se distorsiona, pues aun en el seno de lo instantáneo los trayectos son múltiples, el antes y el después se difuminan, existe la doble direccionalidad en la que se puede recuperar información. Por otra parte, se dan niveles de velocidad en la incorporación a la red. Lo más difundido incide mayormente, lo que se difunde menos “ocurre” después, aunque haya pasado antes. Ello recuerda, la afirmación relativista de que el tiempo depende de los sistemas de referencia. Lo que es percibido como anterior porque nos ha llegado más rápidamente es pensado como condicionante de lo que es percibido posteriormente que puede viajar con mayor lentitud, pero ha transcurrido antes. Cuando la realidad es información y la información conforma la realidad los saltos o reversiones de cadenas causales son solo un epifenomeno de la velocidad. También aquí carecemos de unos sistemas de referencia. No se trata de que un suceso realmente ocurrido no se conozca sino de que los paquetes de información dibujan un mapa de lo real, pudiendo ocasionar hecatombes económicas, caídas bursátiles, crisis de gobiernos… y todo es muy real. En este sentido si vemos como el postulado relativista de la constancia de la velocidad de la luz-datos por la fibra óptica-ralentiza o distorsiona las velocidades de los fenómenos.

Pero la instantaneidad del digitalismo no une todos los puntos en un presente, sino que establece jerarquías, priorizando determinadas interconexiones. Es la instantaneidad de la elite, ralentizando lo que ocurre fuera de los grupos hegemónicos interconectados.

La ontología tradicional deudora de Kant distingue entre noúmeno o cosa en sí, la esencia, y fenómeno, que remite a la experiencia, a la apariencia, al mundo sensible. Para Kant, “toda nuestra intuición no es nada más que la representación de los fenómenos, las cosas que intuimos no son en sí mismas lo que intuimos en ellas”. Desde este punto de vista, la cosa en sí existe, pero es cognoscible. Ahora bien, ¿qué ocurre si las cosas en sí, como pasa con los objetos virtuales, son únicamente lo que ponemos en ellas? Entonces, el noúmeno, además de corresponder al ámbito intelectual, en cuanto información, sin dejar de ser esencia, por consiguiente, lo que realmente es, se convierte además en los que aparece, en lo que se manifiesta “fenomenticamente”. No hay nada por debajo de este aparecer, y su manifestación no es física, sino “racional”, en el sentido de información que crea una realidad virtual.

No afirma la inexistencia del mundo físico, sino constatando como en cierto sentido toda nuestra experiencia de él ha sido siempre ya “realidad virtual”, y el desarrollo de esta por medios tecnológicos no hace sino mostrarnos palpablemente esta sospecha a la que durante siglos hemos intentado resistirnos. Para David Deutsch, investigador de física cuántica de la universidad de Oxford: “Los realistas creemos que la realidad está en todas partes, objetiva, física e independiente de lo que pensemos de ella, pero que nunca la experimentamos directamente. Hasta la última brizna de nuestra experiencia externa es realidad virtual. Hasta la última brizna de conocimiento- incluyendo nuestro conocimiento de los mundos no físicos de la lógica, las matemáticas y la filosofía, así como de la imaginación, el arte, la ficción y la fantasía -esta codificado en forma de programas para la representación de esos mundos en el generador de la realidad que es nuestro cerebro.”

En la ciberontología se capta de forma sensible (virtual) el mundo inteligible, la experiencia es logos; el fenómeno, cifra digital (especie de pitagorismo sensible), transformada teoría hylamorfica en la que la forma es también la materia. La simurología es el mecanismo por medio del cual construimos la realidad como simulación; no se trata de transformar un referente físico o de establecer análogos, sino del proceso mediante el cual el signo sustituye al objeto. La simurología es una real metafísica de la simulación, una fenomelogía de la ausencia. La ciberontologia nos dice que al conocer lo fenomenico estamos realmente conociendo la cosa en sí, pues no hay cosa en sí más allá de los fenómenos, porque la fenomelogía virtual es la forma de conocer lo que nouménicamente consideramos realidad. No es que hayamos avanzado en conocer la realidad en sí, sino que ésta dejado de ser relevante, de ser la “verdadera realidad”. Hemos creado otra realidad “virtual”, paralela, y en ella habitamos. No conocemos mejor la realidad, sencillamente la hemos abandonado.

Estábamos acostumbrados a considerar el sujeto bajo los criterios de la identidad. La persona, en su concepción de rostro o máscara, encuentra una primera dimensión de su mismidad a través de la apariencia física, para los otros es dueña de un comportamiento observable, e internamente se le supone una subjetividad permanente que podemos denominar yo o alma. Todo ello con el nombre determina su ubicación social.

En la sociedad digital, el sujeto, a través de los grupos de discusión, los chats, los correos electrónicos, asume múltiples identidades. No hay rostro; este, reconducido a su origen de máscara, se convierte más bien en mascarada. No hay apariencia física, sino simulacro, se adopta u personaje. No hay comportamientos observables, sino verbalización, retórica del hipertexto. No hay nombre sino pseudónimo. La dirección como identidad, frente al alma, el lugar del no lugar. Y correlativamente a ello un proceso de desubicación social. Todo esto comporta una aparente disolución de los criterios de identidad. Encontramos un individuo agazapado tras la pantalla que se construye con múltiples simulacros fragmentados y puede mentir (edad, nombre, sexo).

La filosofía postestructuralista y postmoderna, con su defensa de la fragmentariedad, propugnó esta como utopía liberadora. Sin embargo, el medio cibernético, aun no ha posibilitado, en teoría, esa apertura, no habiendo respondido a dichas expectativas. En general se observan comportamientos de mayor radicalización, directos y de menor autocontrol. Más que la liberación del sujeto por prácticas de identidad diversas, aparece un cierto ludismo infantil, la impunidad del ocultamiento.

La comunidad está ligada al espacio, son las condiciones de cercanía, local, geográfica…las que crean relaciones sociales enmarcadas en agrupaciones conectivas que generan claves de identidad. La escuela, el trabajo, el pueblo, ciudad, etc., configuran niveles de diferencia legitima, un “nosotros” social, cultural, y político colectivo.
Los cambios en las nociones de espacio sustituyen los criterios de localización común por los de intereses comunes, son redes sociales desterritorializadas, las comunidades virtuales conforman comunidades no “ubicadas”, “pseudo-comunidades” que simulan una relación personalizada, “un híbrido de comunicación interpersonal y de masas”.

No obstante, ¿hasta qué punto esa simulación representa una atenuación de los “acuerdos morales compartidos” que deben caracterizar la buena sociedad?¿La sustitución de la proximidad física por la proximidad de intereses garantiza una mayor cohesión? Todas estas cuestiones han renovado las problemáticas con las que se ha enfrentado las corrientes comunitaristas y afines. Si en un primer momento se pensó que la cibersociedad tendría un potencial subversivo frente a los poderes instituidos, propiciando el acceso a la información, el sentido de la ética del hacker que propugnara Pekka Himanen, las expectativas son menos triunfalistas. Y en varios sentidos como puede verse a continuación.

Figura 2. Expectativas menos triunfalistas.

La habilidad para crear, mantener, controlar el espacio virtual, no ubicado, nos vincula a nociones de poder y necesariamente a cuestiones de autoridad, dominación, sumisión, rebelión y cooptación. Criterios y preocupaciones primarias de la comunidad. Solo por el hecho de los espacios que nos preocupan en estos momentos sean electrónicos, no hay garantía de que vayan a ser igualitarios, democráticos o accesibles y no parece posible que podamos prever que es lo que va a suceder con sus contenidos y su dominación.

Retornando al talante Kantiano, cabría preguntarse ¿es la razón digital emancipadora? ¿Hace progresar al individuo hacia lo mejor? Para ello es necesario ampliar las consideraciones de la ética, el derecho y la legalidad que competen al sujeto digital. La reflexión se da posterior a los hechos. El ciberespacio reclama un actualizado pacto social. No replicantes ni transhumanos, sino sujetos completando una nueva ciudadanía, esa que requerirá cada vez más, de nuestro esfuerzo hacia una “crítica de la razón digital”.

¿Conocías qué es la “Razón Digital”?¿Estas de acuerdo con los argumentos de la autora? ¿Crees que su descripción ha podido cambiar en los últimos años?

Fuente: Hacia una crítica de la Razón Digital/Rosa María Rodríguez Magda. En.: Debats, 87, 2004, 66-68.

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